jueves, 25 de junio de 2015

ARGENTINA 2013 Una versión del Himno Nacional bien malvinera


grabada por veteranos

Una versión del Himno Nacional bien malvinera

Ejecutada por Claudio Szpin y Sergio Vainroj, se escucha en los actos oficiales del Municipio de Morón. Recuerdos de la guerra y un tango.





“¡Oh juremos con gloria morir!”, cantó emocionado Claudio Szpin, y la frase resonó de tal forma en el Salón de Actos de la Escuela Provincial 53 de la localidad bonaerense de Morón que todos los presentes sintieron la emoción que emanaba de
su voz en ese momento. A su lado, su amigo Sergio Vainroj intentaba contener las lágrimas mientras tocaba en el piano los últimos compases del Himno Nacional.
Para ambos, las estrofas finales de la canción patria tienen un sentimiento especial y un significado que les cuesta explicar con palabras: son veteranos de la guerra de Malvinas y estuvieron cerca de dejar su vida para defender el territorio nacional.
Melodía inconclusa. Pero esa tarde del 4 de julio de 2013, la versión del Himno que hicieron en el acto en el que le estaban poniendo el nombre del ex combatiente Luis Alberto Ibáñez (fallecido en el
Crucero General Belgrano) a la Biblioteca de su colegio primario tuvo un sentido diferente: presentaban oficialmente la grabación que habían hecho para el
Municipio de Morón para ser distribuida en todos los establecimientos educativos de esa localidad.
El proyecto, único en el país, había surgido en las numerosas charlas entre ambos en las que recordaban las experiencias que habían vivido durante los combates y, especialmente, en el regreso al continente en el buque inglés Canberra, donde Vainroj lo interpretó para todos sus compañeros y fue interrumpido por el golpe de un británico (ver recuadro).
La melodía había quedado inconclusa y así permanecería en su vida durante los treinta años siguientes, clavada como un puñal en sus recuerdos, que van y vienen en su mente cada vez que se sienta al piano para ejecutarla.
Szpin, que estaba estudiando canto y conocía la historia de su amigo, le propuso el año pasado hacer una versión juntos. A Vainroj le gustó la idea y se la comentó a sus compañeros del Centro de Veteranos de Morón, con quienes suele tocar el Himno en cada acto del 2 de abril.
De allí surgió la propuesta de que lo cantaran juntos en el trigésimo aniversario de la guerra, que realizarían en conjunto con la municipalidad de esa localidad. La interpretación les salió tan bien, que la entidad decidió elevarle un proyecto al intendente Lucas Ghi para grabarla en un estudio.
“Es una idea en conjunto porque nos acordábamos de lo que había pasado en el Canberra pero no sabíamos que había sido Sergio el que la había protagonizado, hasta que llegó con la idea de grabarlo. Se la presentamos al intendente y le gustó la propuesta”, afirma Reinaldo Arce, presidente del Centro de Veteranos de Malvinas de Morón.
Ghi no sólo le dio el visto bueno al proyecto sino que, además, les propuso distribuir el CD en todas las escuelas públicas y privadas de su distrito para que lo utilicen en los actos patrios y las fechas conmemorativas. Incluso decidió que ésa será la versión que se usará en las actividades oficiales del municipio.
“La idea nuestra era contribuir a un final feliz de la historia de Sergio y concluir ese episodio que está tan arraigado en nuestra historia reciente, con las connotaciones que tiene Malvinas por el dolor por las pérdidas, pero también por los tipos que con 18 o 19 años fueron a jugarse sin saber muy bien por qué, pero creyendo que había un valor atrás que justificaba esa entrega –afirma el intendente–. Nuestro propósito era compartir y masificar también esa historia del Himno inconcluso con la comunidad de Morón. Vamos a distribuir las copias por las más de 200 escuelas que tenemos en nuestro distrito para que lo utilicen como el oficial y nosotros en la Municipalidad también lo vamos a usar”.
Esto tiene un doble significado para los veteranos de Malvinas ya que, por un lado, es un reconocimiento a sus treinta años de lucha y, al mismo tiempo, “una reivindicación sumamente positiva” del rol que cumplieron durante la guerra, según detalla Arce.
A su vez, el haber grabado esta versión le permitió a Vainroj cerrar parte de su historia en la guerra. “Esto me sirve para poder concluir lo que ocurrió en el Canberra y compartirlo con todos”, afirma.
Pero también les ha dado un incentivo a los ex combatientes para seguir trabajando en nuevas ideas, ya que el Centro de Veteranos de Malvinas de Morón planea gestionar ante el gobierno de Daniel Scioli que este CD sea utilizado en todos en los actos que se realicen en los colegios de la provincia de Buenos Aires.
Soldados judíos. Todo fue muy vertiginoso desde que surgió la idea hasta que se concretó y lo presentaron, por lo que los propios protagonistas no dejan de sorprenderse por el movimiento que se generó y la reacción que perciben en los chicos cuando se enteran de que los intérpretes son ex combatientes.
“Estuvo muy bueno el acto (del 4 de julio) porque los chicos se pusieron a cantar el Himno y se notaba que lo hacían con ganas y no de
compromiso como en cualquier otra fiesta patria”, resalta Szpin.
Los alumnos no hicieron más que reflejar el sentimiento que les transmitieron ambos cuando lo entonaron desde el escenario.
Es que para ellos no es una canción más, porque trae consigo una carga emotiva que viene acumulándose desde hace 31 años, especialmente para Vainroj.
“Es muy emocionante tocarlo. No es una música más porque tiene una carga muy particular. Es revivir lo que pasó en el Canberra, se me mezclan muchas imágenes de ese momento: mis manos sobre el piano, los ruidos que había y toda la película de la guerra y los años posteriores hasta el día de hoy. Voy y vuelvo y después me doy cuenta de que estamos con los compañeros cantándolo en una escuela en 2013. Es algo que me sobrepasa. Es una parte de mi vida personal”, destaca.
Szpin concuerda. “Me pasan un montón de emociones cuando entono el Himno, lo siento mucho.
Nosotros vivimos la situación que dice su frase final. Fuimos a morir con gloria a pesar de todas las situaciones y las cosas complicadas que sufrimos. Pensábamos hacerlo dentro de nuestra capacidad. Cuando la canto, recuerdo mucho ese momento”, afirma.
Estos sentimientos volvieron a plasmarlos el 11 de noviembre, cuando lo cantaron en el homenaje que les hizo la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a los soldados judíos que combatieron en Malvinas.
Ambos están orgullosos de su trabajo y agradecidos por haber tenido la oportunidad de grabarlo y por el
reconocimiento público,
pero sienten que aún les falta un paso más, un sueño que ansían que alguna vez se concrete: que las escuelas judías del país usen su versión en los actos patrios.
“Me encantaría que fuera el Himno que se toque en las escuelas judías. Sería un gran orgullo para mí, porque detrás de esa versión
estamos dos veteranos de guerra judíos que lo grabamos. Sería un reconocimiento más y eso es muy bueno y sanador para nosotros”, concluye
Vainroj.

Aquella vez, a bordo del ‘Canberra’
Sergio Vainroj es músico y toca el piano desde que era chico. A los 18 años lo movilizaron a las islas
Malvinas junto con su regimiento, el Infantería Mecanizado 3, de la localidad bonaerense de La Tablada, donde sufrió los maltratos de su superior por su condición de judío.
Luego de la rendición, lo embarcaron en el buque inglés Canberra, donde viviría un suceso que lo marcaría durante toda su vida. Esta es su historia:
“Nos ubicaron en un salón grande donde había un piano. Pensé: ‘Quiero tocar’, y se lo dije a mi compañero
Carlos Sabin. El me animó para que fuera. Me daba miedo porque era una situación especial, estaban los
ingleses apuntándonos, éramos prisioneros.
”Me acerqué a un soldado y le pedí permiso. Me abrió la tapa y empecé con algo de Piazzolla y Bach. En ese momento, Sabín me gritó: ‘Tocá el
Himno Nacional. Otros soldados me pidieron lo mismo.
”Paré un momento. Me quedé quieto, en silencio, y largué con la introducción. En eso, escucho la voz de un oficial que ordenó: ‘Soldados, de pie, el Himno Nacional’. Todos se pararon y se produjo mucho movimiento.
”Los ingleses pensaron que era un amotinamiento. Se oyó el ruido de armas cargando, vinieron otros y empezaron a gritar que nos sentáramos.
Yo seguía tocando. El que me había abierto el piano me agarró del brazo, me empujó y caí encima de mis compañeros.
”El Himno quedó inconcluso, en el aire, sin llegar a la parte de la letra.
Fue un sentimiento de libertad y rebeldía típica de adolescente.
Sentí alegría y alivio, y pensé: ‘Estamos acá, no nos vencieron ni nos vencerán”.



sábado, 20 de junio de 2015

ARGENTINA. (2014) "HUBIERA PREFERIDO OTRO DISCURSO POR MALVINAS"

Dioario "Clarín". Buenos Aires, 7 de abril de 2014.

ARGENTINA. 2014.En Malvinas, no trabajar para Gran Bretaña

Diario "Clarín". Buenos Aires, 7 de abril de 2014.

En Malvinas, no trabajar para Gran Bretaña

TRIBUNA
  • Rubén Giustiniani SENADOR NACIONAL. SECRETARIO COMISION DE RELACIONES EXTERIORES

El 69° período de sesiones de la Asamblea General se inaugurará en la sede de las Naciones Unidas el martes 16 de setiembre de este año. La Asamblea celebra en forma intensiva un período de sesiones cada año, de setiembre a diciembre, o durante más tiempo si fuese necesario.
La última Resolución de la Asamblea General referida a la Cuestión Malvinas, favorable a la Argentina, se produjo durante el gobierno de Raúl Alfonsín en 198 8. Después, la gestión de Menem- Cavallo resolvió no seguir haciendo la presentación a la Asamblea General, situación que llega hasta nuestros días.
El año que viene se cumplirán 50 años de la histórica Resolución 2065, donde la Asamblea General reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar para encontrar una solución pacífica a la controversia. Luego vinieron otras Resoluciones de la Asamblea General, todas sistemáticamente desconocidas por el Reino Unido ya que instaban a las partes a sentarse a negociar.
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Malvinas, desde hace tiempo, ha dejado de ser una cuestión exclusivamente argentina. Hoy América Latina y el Caribe, África y la mayoría de países del mundo no aceptan la vigencia de enclaves coloniales en pleno siglo XXI. También, todos los años, el Comité de Descolonización de la ONU se expide por unanimidad instando al Reino Unido a sentarse a la mesa con Argentina para discutir soberanía.
Es necesario, ante la actual situación, que nuestro país dé un paso importante hacia adelante y presente ante la próxima Asamblea General una propuesta de Resolución que inste a Gran Bretaña a sentarse a una mesa de negociaciones.
El actual status quo favorece al Reino Unido y es así que avanza con hechos consumados como es la explotación de los recursos naturales que nos pertenecen y la militarización del Atlántico Sur violando las Resoluciones existentes y el Derecho Internacional. No tenemos dudas que la mayoría de los países que componen la Comunidad Internacional, rechazan prepotencias imperiales, y apoyarán una vez más, a nuestro país en la Cuestión Malvinas.
Una iniciativa diplomática de tanta trascendencia por parte de Argentina, seguirá el camino de nuestra Constitución Nacional, que en su Disposición Transitoria Primera expresa: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de los habitantes y conforme a los principios del derecho internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.

REINO UNIDO 2014 "Sin el apoyo de Chile, Gran Bretaña hubiese perdido la guerra de Malvinas"

Diario "La Capital". Rosario, Martes, 08 de julio de 2014 01:00

"Sin el apoyo de Chile, Gran Bretaña hubiese perdido la guerra de Malvinas"

Un aviador británico le contó cómo el gobierno de Pinochet permitió a los ingleses tener información vital para el desarrollo de la contienda.


Trama secreta. Pinochet mantuvo encubierta la colaboración que le prestó a Margaret Thatcher.


Un militar británico, Sidney Edwards, el oficial enviado por Margaret Thatcher para conseguir el apoyo secreto del entonces presidente Augusto Pinochet a Gran Bretaña, afirma que "sin el apoyo de Chile hubiéramos perdido la guerra".
"Mi opinión personal, y creo que fue compartida por mis jefes en el Ministerio de Defensa y por Margaret Thatcher, es que la ayuda que recibimos de parte de Chile fue absolutamente crucial. Sin ella, hubiésemos perdido la guerra", aventuró Edwards, un ex oficial de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), a la revista chilena Qué Pasa.
Durante la guerra, que comenzó en abril de 1982 y duró dos meses, Chile adoptó públicamente una posición de neutralidad pero, sin embargo, siempre se rumoreó que había prestado apoyo logístico a Londres, algo que finalmente se confirmó hace dos años, al publicarse los archivos oficiales de esa época.
A los 80 años, Edwards decidió salir a contar su historia en el libro "My secret Falklands war" ("Mi guerra de las Malvinas secreta"). Allí cuenta que él fue elegido para llevar adelante las negociaciones en Chile por su dominio del idioma español (que logró tras haber sido agregado aéreo en Madrid) y su experiencia en operaciones conjuntas de inteligencia con otros países.
Edwards contó que el mismo día en que llegó a Santiago de Chile fue recibido por el comandante jefe de la Fuerza Aérea chilena, Fernando Mathei. "El general Matthei me dio la mano cálidamente —cuenta Edwards en su libro—. Me ofreció cooperación total dentro de los límites de lo práctico y de lo diplomáticamente posible. Enfatizó la necesidad de mantener el secreto". El aviador dijo que entendía la delicadeza de las relaciones entre los dos países y continuaron conversando.
"No pude creer la cooperación que logré con él y, por supuesto, con el resto de sus oficiales —continúa Edwards—. Obviamente el general Matthei era un hombre muy pragmático y sabía dos cosas clave: que si Chile no nos ayudaba en la guerra, después los argentinos caminarían derecho a tomar las islas del canal Beagle. Lo otro es que Matthei sabía que ésta era una oportunidad ideal para conseguir armamento, inteligencia y otras cosas que normalmente su país no habría conseguido".
En su libro, Edwards describe en detalle todo el operativo en Chile, con nombres y fechas, a pesar de que fue obligado a eliminar todo registro escrito de aquella época. "Este fue un período muy relevante en mi vida y lo tengo muy fresco en mi memoria", dice.
En su libro, Edwards comenta que el hecho de que en Chile rigiera una dictadura en ese momento facilitó su trabajo, ya que consiguió rápidamente documentos de identidad falsos. Además, manejaba como si fueran propias las oficinas centrales de la Fuerza Aérea chilena y desde allí coordinó el uso de un radar de largo alcance en Punta Arenas, que permitía ver los movimientos aéreos en Ushuaia, Río Gallegos, Río Grande y Comodoro Rivadavia. También desde allí coordinó, junto con Londres, la llegada a Santiago de un equipo del Servicio Aéreo Especial británico (SAS) con un sistema satelital de comunicaciones seguro.
Para el piloto, ese radar fue la principal contribución a la misión británica. "Lo más importante fueron los avisos tempranos de ataques aéreos", dice el ex piloto. "Sin éstos, cuando un fuerza de mar tiene sólo una pequeña defensa aérea, como teníamos, habríamos tenido que montar patrullas aéreas de combate carísimas y aviones volando constantemente, listos para interceptar intrusos", argumenta.
Además, Matthei dejó a su disponibilidad la pista de aterrizaje ubicada en la isla San Félix, a 892 kilómetros de la costa chilena (el gobierno no quería exponer los aeropuertos continentales), para misiones Nimrod, que permitían volar a aviones británicos pintados con los colores chilenos a gran altura cerca de la frontera con la Argentina y obtener información de lo que pasaba en el país.
Edwards remarca que nunca habló con Pinochet durante la misión y que se trató de un hecho deliberado. "El (Pinochet) quería tener una especie de cláusula de escape, para poder negar que tuviera conocimiento de mí. Me parece que lo que quería hacer era que si cualquier cosa salía mal, él podría decir: «Fue Matthei, yo no sabía lo que él estaba haciendo»", explica el piloto.
Tras el final de la guerra, el 14 de junio de 1982 y con un saldo de más de 900 muertos (649 argentinos y 255 británicos), Edwards se quedó unos días más en Chile y salió a festejar al boliche Las Brujas. "Muchos de nuestros colegas chilenos se nos unieron allá y parecían tan contentos como nosotros con la victoria", recuerda el piloto.
Oculto hasta el final
Al regresar a Londres, Sidney Edwards fue condecorado con la Orden del Imperio Británico, Medalla del Atlántico Sur y la Encomienda de la Reina para servicio valioso en el aire. “Pero, para evitar atraer atención al vínculo con Chile, no me pondrían como parte de la lista de la guerra de las Falklands (Malvinas)”, dijo. Edwards sirvió en la RAF durante 31 años. Reside en Letchworth, Hertfordshire, sureste de Inglaterra.